Gramophone

lunes, 4 de julio de 2011

Perspectiva analitica, dialectica y retorica, en el derecho y el auge de las teorías de la argumentación

Perspectivas de análisis diversas, una formal y la otra informal. También entran en liza ideas divergentes acerca de lo que puede ser o valer como argumento. Por los demás, no deja de asomar otro punto problemático, el de la distinción y relación entre la calidad lógica interna o la índole lógicamente concluyente de un presunto argumento, el silogismo citado y su eficacia argumentativa, su poder de convicción o de resolución. La primera es la asignada por el lógico formal, la segunda es la cuestionada por el lógico informal.
Según una venerable tradición que se remonta al primer explorador y topógrafo del campo de la argumentación, Aristóteles, se distinguen tres regiones que, en su honor, cabria llamar Analítica, Dialéctica y Retorica.
Analítica
Es el lugar natural de las pruebas deductivas, de las demostrativas en particular: aquellas que discurren desde unos  puntos de partida inicial e incontestable para establecer otra proposición verdadera que se sigue de ellos por necesidad. Estas pruebas consisten en argumentos considerados como productos discursivos, autónomos e impersonales en calidad de “textos”, cuyo análisis determina la estructura ilativa de las proposiciones integrantes que, a su vez, solo son relevantes por su forma lógica (predicaciones afirmativas o negativas acerca de unos sujetos tomados de modo universal o particular) y, en caso de ser acertados significativos, por tratarse de afirmaciones y negaciones verdaderas o falsas. El asombro desarrollado de la disciplina, desde esta lógica tradicional hasta la lógica matemática de nuestros días, no ha supuesto un cambio apreciable del trato formal de los argumentos. Hoy diríamos que el análisis de los argumentos visibles en esta región analítica descansa en su constitución semántica estructural e interesa especialmente a la lógica y la metodología de la prueba científica. Procura sentar unos criterios que nos permitan reconocer la validez o invalidez lógica o, en términos más generales, la corrección o incorrección de los argumentos productos textuales y autónomos analizados.
La dialéctica
Es en cambio, el lugar natural de la discusión razonable en tomo de cualquier cuestión abierta, sea retorica o practica, de orden especializado (una cuestión filosófica, cosmológica, medica, etc.) o de interés común o general (¿Qué régimen político es preferible para el bienestar de una comunidad determinada? ¿a quién se debe acudir en un problema de salud, al amigo o al médico?). ahora lo que importa no son los productos de la argumentación, sus transcripciones textuales como argumentos autónomos, sino, por un lado, los procedimientos argumentativos a disociación de los agentes discursivos que mantienen el debate y, por otro lado, las normas que gobiernan y dirigen el ejercicio de los papeles de defensor u oponente en el curso de su interacción. Según esto, la dialéctica es el terreno cubierto por la descripción y por la regulación pragmáticas de muy diversas clases de argumentación (confrontaciones dialógicas plausibles: deliberaciones jurídicas o políticas; controversias ideológicas; negociaciones, etc.). Si uno de los puntos críticos del análisis en esta perspectivas es la detención y el tratamiento de las falacias, como maniobras ilegitimas, una de sus aspiraciones es la provisión y la invención de estrategias argumentativas no solo legitimas; sino fiables y eficaces. Los criterios al respecto no obran, por lo regular, de la forma terminante y general que caracterizaba a los criterios de rigor en el ámbito analítico, donde un argumento dado A no es válido o es invalido; si A es válido, también son validos todos los argumentos de la misma forma lógica que A. pues ahora nos movemos en otro terreno, harto irregular y pantanoso, donde el curso de la argumentación deviene no solo sensible al texto discursivo sino cambiante y sujeto a las vicisitudes de la propia interacción. Así que resultara difícil dar como una estrategia tan productiva como universal de la buena argumentación o, en la perspectiva opuesta, con algún criterio tan discriminatorio como general de la argumentación falaz.
La retorica
El lugar natural de los procesos de argumentación en los que desempeña un papel principal la comunicación personal dirigida a inducir ciertas creencias o disposiciones en el ámbito de un interlocutor o de un auditorio, o a provocar determinadas reacciones y actuaciones por su parte. El arte de la retorica, tradicionalmente, ha llevado una vida dividida, entre su condición de género literario asociado a la oratoria “arte del bien hablar”, y su condición de arte discursiva, especializada en procesos y recursos de convencimiento, persuasión, seducción; aquí interesa este segundo sentido. Convencer, persuadir o disuadir a alguien de algo, seducirlo personalmente o atraparlo en  las redes del discurso vienen a ser, de una parte, los objetivos buscados y, de otra parte, los efectos eventuales, pero no automático de nuestras intervenciones discursivas en procesos reales y concretos de arguméntalo. Según esto el arte de la retorica, a pesar de su bagaje técnico y de sus proyecciones canónicas no deja de ser una disciplina tentativa y empírica, pendiente de la catalogación “histórico natural” de los recursos y de las figuras del discurso sancionadas por el uso o por la  crítica, aunque hoy también deba entender sus fronteras con la semiología, la antropología y la psicología sociales, los estudios sobre medios y formas de comunicación, publicidad y propaganda.

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